Mari Hamamoto Photography

En el 2010 mi hijo tenía 20 años y estaba estudiando un pregrado en Canadá lejos de nuestro país de residencia. Ya tenía un año fuera de casa, lo fui a visitar y quedarme con él un par de meses, compartir con él, conocer la universidad, sus amigos y su ambiente.

Mi hijo siempre ha sido un muchacho muy brillante, inteligente, cariñoso, colaborador, estudioso y con mucho criterio propio para defender su posición cuando no esta de acuerdo con algún tema o situación en la familia, en su colegio o en su país. Estando sola con él, comencé a notar que se retiraba de mi lado para hablar por su teléfono casi en secreto, estaba muy ansioso y lo reflejaba en la comida, comiendo grandes cantidades a cada rato. Me llevó varias veces a lugares que tenían colgada la bandera tricolor y restaurantes donde habían parejas abiertamente homosexuales y siempre salía el tema, que yo abordaba con toda la ignorancia que tenía al respecto y él siempre conseguía un buen nivel de conversación y planteaba su opinión como una persona abierta y contraria a cualquier tipo de discriminación

Un día me dijo: “Mamá, estoy enamorado de un muchacho de la universidad, es mi novio y es la persona a quien amo, soy homosexual. Yo lo he pensado mucho, era muy infeliz cuando estaba en casa porque sabía lo que me pasaba y trataba de cambiarlo saliendo con chicas, pero ninguna me intereso realmente».

Yo caí en un estado de angustia tremendo y le dije que aunque no lo entendía, yo lo quería mucho y eso debía ser suficiente. Que me diera tiempo para asimilar lo que a él le había costado tanto.

Lloré pensando que mi hijo tendría muchos problemas en su vida, que lo discriminarían, incluso su propio hermano y el resto de la familia, me venía a la mente el fantasma del sida, que él no tendría hijos y nosotros tampoco nietos por parte de él, que mi esposo podía decidir no seguir apoyándolo económicamente con sus estudios en Canadá y quizás decidiera que no volviera a la universidad, quizás hasta lo botaría de la casa y todos esos pensamientos negativos me hacían mucho daño pues sufrí y lloré desconsoladamente todo ese tiempo.

Comencé buscando en internet la historia de hombres y mujeres muy conocidos y exitosos que habían reconocido su homosexualidad y como se habían superado y estaban plenos y felices. También encontré una página de un grupo español llamada familias por la diversidad, les escribí y tuve el inmenso privilegio de hablar con su presidenta Isabel Martínez  que me oriento,  A través de este grupo recibí un valioso artículo escrito por la psicóloga Martha Escamilla orientado a dar luces a los padres de personas con orientaciones sexuales diferentes a las aceptadas comúnmente por la sociedad y decidí contactarla y tener con ella varias sesiones.

Sentía que mi hijo había salido del closet para yo entrar pues no me atrevía a hablar con mis hermanos ni amigos acerca de lo que me había enterado. Aunque no soy una persona depresiva me sentía muy triste, sin ánimo para hacer las cosas, bajé de peso pues ni comer me provocaba y sentía una tristeza muy grande en mi alma.

Comencé las sesiones con Martha con todo el apoyo de mi esposo quien estaba preocupado por mi pues para él la homosexualidad de nuestro hijo no era para preocuparse sino para apoyarlo y ayudarlo. Sin embargo, jamás recriminó mi actitud y más bien me acompaño en el proceso.

Además de las sesiones, Martha me compartió libros para documentarme, entender que esto era algo normal. Alguna sesiones se hicieron por internet otras presenciales, y unos meses después estaba yo preparada para salir del closet con el resto de la familia.

Mi hijo se graduó en el 2013 con muy buenas calificaciones, fuimos mi esposo y yo  a su graduación y conocimos a su pareja. Salimos juntos y la pasamos súper bien. Y hoy 5 años después nos estamos preparando para su matrimonio.

Tenemos una foto familiar en nuestra sala donde él esta y ya varias de mis amigas saben que mi hijo es una persona valiente, con una realidad diferente que nos ama y está pendiente de sus padres como la mayoría de los hijos.

Mi hijo sigue siendo una persona extraordinaria, él no ha cambiado, he cambiado yo gracias a las personas que me ayudaron, cambié  la ignorancia por conocimiento, a través de desaprender lo que me hacia daño y no servía, de borrar prejuicios innecesarios porque mi meta es aceptarlo, apoyarlo y amarlo más que nunca y sobre todo entender que él es tan normal como cualquier otra persona.

En ese año de turbulencia de sentimientos nunca pensé siquiera que podría compartir estas líneas, pero la idea de que mis palabras puedan al menos ayudar a algún padre, madre, hermano o hermana, familia o amigo de un homosexual me dio valor para hacerlo. Es devolver un poco al universo lo que yo también conseguí gracias a otras personas maravillosas que han compartido sus experiencias o han estudiado para ayudar a otros. Tengamos paz, que al final, todo estará bien y habremos crecido.

https://www.dinero.com/opinion/opinion-on-line/articulo/mi-hij-gay-como-aprender-aceptarlo/105116

https://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/mi-hijo-salio-su-closet-para-entrar/175618

M.P