Mari Hamamoto Photography

Hace un tiempo perdí a un ser querido repentinamente, aún me cuesta comprenderlo; mis sentimientos por él iban desde el dolor por la pérdida hasta la rabia. Me culpaba por no haber estado a su lado y al mismo tiempo lo culpaba a el por no haberme permitido estar. No podia parar de pensar en su muerte, en lo que fue o lo que hubiera podido suceder.
Cuando comencé la terapia, comencé a poner en orden los sentimientos, entendí que no habían culpables, lo perdoné y me perdoné. Recuerdo que al terminar la primera sesión me sentí aliviada y pensé que al rato volvería el dolor , el rencor, la obsesión, para mi sorpresa esa paz que sentí no se fue y en las siguientes sesiones logré recordar con amor y ese amor con el que lo recuerdo es lo que me ha permitido seguir adelante. E.M