SOBREVIVIENDO A UN INTENTO DE SUICIDIO

Las razones que lleva a una persona a escoger morir por suicidio son varias: depresión, psicosis, ansiedad. También puede ser a causa de una pérdida: la muerte de un ser querido, de un trabajo, dinero, su reputación, su libertad, etc. El tener una enfermedad crónica o terminal puede también ser un motivo para ello. Puede también ser por una crisis personal, estrés continuado o a consecuencia de un abuso sexual o violencia doméstica. También por lo que denominamos estrés postraumático (por ejemplo, soldados que han vivido una guerra). Otras veces puede ser como desencadenante de un medicamento, alcohol, droga que producen un cambio de humor o comportamiento impulsivo.  Un intento de suicido, es un evento traumático, estresante tanto para el sobreviviente como para sus familiares. El suicidio es una epidemia silenciosa que nos genera miedo, impotencia, vergüenza, confusión, culpa, y muchas veces no sabemos cómo manejar la situación.

Una parte de la corteza prefrontal se encarga de la toma de decisiones. El sistema nervioso, el funcionamiento fisiológico de ciertas partes del cerebro y la parte de la corteza prefrontal de una persona que vive una situación estresante prolongada en el tiempo o un trauma se ven afectados. Esto es un problema, pues esta parte es la encargada de analizar y poner las cosas en perspectiva, de conectarnos con nosotros mismos y con otros, de permitirnos la hacer una pausa antes de actuar. Una persona en una situación que le desborda por diferentes razones no puede ver o pensar más allá de sus circunstancias para solucionar sus problemas.  En estos momentos termina predominando la emoción, y la capacidad de razonar se puede ver alterada.

DESPERTANDO EN LA UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS

Tristemente, cuanto más violenta haya sido la manera en que la persona ha intentado acabar con su vida, peores serán las consecuencias y más traumática será su recuperación.  El sobreviviente despierta en estado de shock, sin acabar de entender completamente la magnitud de lo que ha hecho. Puede, incluso, no recordar muchos detalles. Hay personas que han quedado paralíticas, con el rostro destrozado, con daño cerebral, etc. Esto les puede provocar terror, rabia con Dios por haberlas salvado y/o rabia hacia ellas mismas por sobrevivir o por las circunstancias en las que ahora se ve. También hay muchos sobrevivientes que se alegran de no haber muerto. Y hay otros que no se arrepienten, que tienen claro lo que desean, y saben que lo volverán a intentar.

El primer encuentro es difícil para todos. Todos están en shock.  Muchas personas dudan de si es bueno hablar de lo sucedido o si es mejor pretender que nada ha pasado. Es importante recordar, que el sobreviviente está sufriendo y lo que necesita es compañía. Este no es el momento para recriminaciones, ni regaños. Evita decir cosas como “por qué me haces esto a mí”, “eres un/a egoísta”. Es normal estar confundido, con rabia, culpa, vergüenza, y querer saber porqué lo hizo.  Pero hay que tener paciencia, para el mismo puede ser difícil hablar de lo que sucedió. Más adelante habrá la oportunidad de hablar lo que sienten.

Si no sabes qué decirle, ni cómo apoyarlo, díselo: “No sé qué decirte, ni qué hacer, pero buscaremos la ayuda adecuada y saldremos adelante”. “Lamento lo mal que te tuviste que sentir para llegar a tomar esta decisión”. “Te amo, y mi amor no cambia por tu intento de suicidio”. A veces el sobreviviente pregunta: “¿me odias, estás enojado/a?” Si lo estás, puedes decirle: “sí, tengo muchas de estas emociones en este momento, pero ahora lo más importante es que te recuperes”. Reconoce tus emociones pero sin cargar a la persona con ellas. Recuerdo un padre que en su miedo y desesperación le gritaba a su hija: “yo mismo te mataré por tonta”. Esto no es lo más adecuado en esos momentos.

Es importante buscar ayuda para toda la familia. Es importante entender qué le llevó a intentar suicidarse. Hay que hablar de emociones y desarrollar un plan para cuando él/ella salga de la clínica. Por favor, no pretendas aparentar que nada ha ocurrido. Los secretos y las mentiras son precisamente parte de la patología familiar. No hablar sobre lo que sucedió o ignorar el problema en conjunto, a menudo, complica más una situación ya complicada de por sí, e incluso puede aumentar el riesgo de un futuro intento de suicidio.

La familia puede sentir culpa, vergüenza, y sienten que han fallado porque no se dieron cuenta de las señalas de alarma, o porque no creyeron que fueran ciertas. A menudo viene el “si hubiera”… También he visto a padres avergonzados que dicen: “hubiera preferido que mi hijo/a hubiera muerto de sobredosis porque su sufrimiento habría terminado”, yo lo venía venir. Busca apoyo familiar, amigos cercanos con los que puedas hablar de esto. El suicidio es una epidemia silenciosa. Por hablar sobre el suicido no lo atraes, al contrario, se abren puertas y se puede hacer un plan. Hace que todos piensen y analicen la situación y se pueden observar diferentes puntos de vista. Una persona no intenta quitarse la vida porque lo tenga todo o aparente ser feliz.

Algo que agrava la situación es cuando los seguros no cubren la hospitalización y/o el tratamiento porque ha habido un intento de suicidio. Esto genera un estrés adicional y acentúa el resentimiento y el dolor por parte de la familia y la culpa del sobreviviente por los problemas que esto acarrea. Hay quienes incluso pueden llegar a perder su trabajo cuando se entera su jefe. Si el intento del suicido va acompañado al consumo de alcohol o drogas la situación es más complicada. Hay quienes prefieren pensar que la marihuana, por ejemplo, no hace nada, que lo tiene todo bajo control, y esto no es así. La marihuana acentúa las ideas suicidas, provoca ideas delirantes y hace que las personas sean más impulsivas.

DE REGRESO A CASA

Antes de salir del hospital/clínica es importante que ya tengas una cita, para ti y otra para el sobreviviente, con el psicólogo o psiquiatra que sea especializado en el tema.  Hay que tener un plan de acción porque los pensamientos suicidas pueden volver. Infórmale al psiquiatra toda la historia familiar: si ha habido intentos de suicidio en la familia, si hay problemas de drogadicción, económicos, etc. Y pensar entre todos sobre posibles causas del intento de suicidio.

No dejes a la persona sola, especialmente si es adolescente. Tú debes ser quien controla la medicina que le han recetado. Si ves que no duerme, que está ansioso, que está faltando a las sesiones de terapia, avisa al psiquiatra o psicólogo.  Es importante que haya un plan de acción para saber qué hacer cuando él/ella se sienta mal. Por todo ello es importante trabajar en familia y con amigos cercanos.

Es normal después del intento estar hipervigilantes, así que explícale que vas a estar chequeándolo cada hora o cuando tú veas que está serio, ausente. Que le preguntarás si está deprimido o no, si tiene pensamientos suicidas. ES NORMAL. Pueden llegar a un acuerdo, que sea lógico, donde los dos se sientan bien. Lo importante ahora es su seguridad.

Es importante que tú también busques ayuda psicológica para trabajar todo el shock del momento, la culpa, rabia, vergüenza, impotencia, etc.  NO te centres solo en el suicidio. Hay que ver que hay detrás, qué patrones familiares hay, cómo se resuelven los problemas en la familia. Si hay problemas de alcohol, drogadicción, etc.

El suicidio es una epidemia silenciosa. No hay una garantía de seguridad, pero si en los momentos de estrés tenemos a alguien que nos escuche o ayude a pasar la crisis, es mas fácil.  Por ello hay que trabajar en equipo con otras personas de la familia, médicos, psicólogos, psiquiatras, etc. Hay que pensar que, muchas veces, un intento suicida, es a menudo originado por una crisis temporal o por algo que puede ser solucionado en el tiempo.

“Cuando tengas mucha prisa por hacer algo, ESPERA unos segundos; eso es todo lo que se necesita para pasar de la compulsividad y de la impulsividad a la CONCIENCIA”. Sadhguru