¿LUCHANDO CON LA SOLEDAD?

Por: Martha Escamilla – Psicóloga

¿Te has sentido alguna vez sol@ a pesar de estar rodeada de gente?. ¿Has sentido angustia al sentir que hay como una brecha entre tu deseo de conectar y la ausencia de otro?

¡Yo sí lo he sentido! He vivido en diferente países, me he tenido que adaptar a diferentes culturas y muchas veces he sentido que no pertenezco, que no puedo conectarme con otros.  Y mi soledad aumentaba aún más cuando en mi deseo de compartir con otros no me entendían, de hecho me sentía casi juzgada… Desde hace  varios años empecé a estudiar el efecto del trauma en los apegos y entendí como la soledad nos/me afecta.  Y es de lo que quiero hablar en este articulo.

Somos seres sociables y el vincularnos con otros es una NECESIDAD BIOLÓGICA. Estamos diseñados para ello. El vínculo nos provee de BIENESTAR físico, emocional, psicológico y espiritual. NO podemos SOBREVIVIR sin vínculos. Si estamos enfermos, o hemos vivido una tragedia, si tenemos compañía y apoyo, nos recuperemos más rápido. Cuando somos vistos o valorados, nuestra estima mejora, nos volvemos más empáticos, más confiados, somos mejores personas. También sucede lo contrario, cuando nos sentimos solos por mucho tiempo, nos podemos volver huraños, nos ENFERMAMOS física, psicológica y espiritualmente.

Sin duda, la soledad significa algo diferente para cada persona. Para unos, puede ser la falta de interacción social; mientras que, para otros, a pesar de tener  mucha “interacción social”, llevan una soledad enmascarada, y sienten que su vida no tiene sentido,  no pueden conectar profundamente y, por lo tanto, también se sienten solos. De alguna manera, podemos decir que, “la compañía o el tenerlo todo” no es el pasaporte para evitar la soledad. La soledad no respeta profesión o clase social. Una persona puede ser el alma de la fiesta, tener miles de seguidores y, sin embargo, sentirse sola. Puede tener pareja y sentirse sola. TRISTEMENTE una gran parte de la población NO TIENE EN QUIEN CONFIAR.

El dolor de sentirse solo, con el tiempo, puede hacer que la persona empiece a desconectarse, a anestesiarse y llegue a pensar: “siempre voy a estar solo”, “la vida no tiene sentido”, etc. Es entonces cuando la soledad se va convirtiendo en un terreno fértil para la ansiedad y la depresión y se pierde la esperanza. Y la desesperanza es un lugar peligroso porque se abandona todo, se deja de luchar, y se puede caer en la sensación de fracaso e infelicidad. La esperanza es el combustible que nos da la fuerza para seguir, para buscar opciones y para ampliar nuestro abanico de posibilidades. 

Si te sientes así, recuerda tu necesidad de conectar NO ES UN CAPRICHO, es nuestro combustible.

La humanidad está enferma de soledad porque no está conectada. En ocasiones, los hijos no saben conectar con los hijos, los hijos con los padres… En resumen: los unos con los otros.  Y el problema es que no estamos reconectadas con nosotr@s mismos.

¿Te tomas tiempo para sentir lo que sientes, para observar lo que ocurre en tu interior?

¿cómo se siente la soledad en tu cuerpo?

¿cómo te afecta, qué te hace pensar de ti y de otros y del mundo?

¿Qué te produce la soledad… angustia, tristeza?

¿puedes sentir estas emociones?

En mi viaje por la soledad, estas son algunas cosas que me ayudaron:

  1. Asumir responsabilidad: hay que reconocer que se tiene un problema y que somos los únicos que podemos sacarnos de este estado. La negación y la vergüenza solo aumentan el problema.

  2. Examina tus creencias: ¿Puedes ir a comer, al cine, a un concierto, solo/a? Hay pacientes que cuando se lo sugiero, se sienten incómod@s. Curiosamente he observado que sienten “vergüenza por estar solos”. Una paciente me decía “pensarán que soy rara o sentirán tristeza por mí porque no tengo amigos”. ¡Tal vez puedes retar este pensamiento y empezar a verte como una persona que disfruta de su propia compañía, que te quieres y que eres libre!

  3. Haz haz una lista de las personas con quien puedes hablar, que se preocupan por ti. Cuando uno entra en el espiral de la soledad, a veces se le olvida el apoyo que tiene.

  4. Levántate de esa silla y sal a caminar todos los días, aunque sea por 20 minutos. ¡Y saluda al menos a tres personas mirándolos a los ojos y sonriendo! Esto aumentará las hormonas que producen bienestar.

  5. Limita el uso de las redes sociales.

  6. Usa tu tiempo a solas para conectarte contigo mism@, convierte en una buena amiga para ti.

  7. Buscar ayuda profesional, (la terapia online es una excelente opción) puede ser “tu antídoto” contra la depresión, el abuso de sustancias o incluso quedarse en relaciones tóxicas por miedo a la soledad.

 

 

 

 

 

 

 

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Martha Escamilla