Ayuda, mi hijo está en cuidados intensivos…

Ayuda, mi hijo está en cuidados intensivos…

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Quizás una de las situaciones más angustiantes y dolorosas a las que unos padres se pueden enfrentar es la posible muerte de un hijo.

El ver a su pequeño hijo(a), en cuidados intensivos luchando por sobrevivir, sometiéndose a tratamientos dolorosos y sufriendo genera una angustia extrema que excede las barreras naturales de lo que se puede asimilar. Muchos padres pueden hacer frente a todas las etapas de la enfermedad para ayudar a su hijo. Pero aún, para los padres mas resilientes, esta situación puede ser demasiado estresante. E, incluso, después de que el hijo se vaya estabilizando y el peligro haya pasado, se pueden llegar a deprimir, tener ansiedad, irritabilidad, sentirse indefenso, etc

Por ello,  desde el momento en que son informados, y si es posible, es importante recurrir a toda la ayuda y apoyo que puedan tener. Recurrir a todas las personas que les puedan echar una mano.  De esta manera, la situación será un poco más llevadera a pesar de la circunstancia.  En el momento en que el hijo está entre la vida y la muerte, el autocuidado no se concibe, y es entendible. Pero si se crea una red de apoyo buena, esta nos permitirá ser más resilentes.

Inicialmente toda la energía está orientada a salvar la vida del hijo(a). Como es natural, no se quiere separar de su hijo pase lo que pase. Ellos quieren proteger a sus hijos con toda las fuerzas, e incluso ver a su pequeños soportar tratamientos que son dolorosos.  Esto genera mucho dolor, rabia e impotencia. Como los padres en ese momento olvidan “el autocuidado”, es imperativo recibir ayuda de la familia  y amigos. Cosas tan simples, como que le preparen la comida, una noche se queden en el hospital a dormir mientras van a casa, tal vez recibir un masaje en los hombros, salir a caminar un poco, hacer estiramientos, comer sano, respirar,  etc, pueden ser de gran ayuda en esos duros momentos.

Si no lo hacen, el estrés se va acumulando y el sistema nervioso se ve desbordado, produciendo síntomas que pueden continuar aún más allá de la enfermedad del niño, afectando, no solo la recuperación emocional y física de su hijo(a), sino también a la propia salud física y mental, la relación de pareja y a los otros hijos si los hubiere.

Como padres se quiere lo mejor para los hijos: que estén bien y seguros. Pero cuando se vive una situación inesperada como esta, que posiblemente no se pudo anticipar, que de alguna manera es violenta, y/o producida por otro ser humano  y que pone en riesgo la vida del niño, hay una cosa clara:

LA SEGURIDAD DEJA DE EXISTIR

 

Esto deja a los PADRES VULNERABLES, aterrorizados, hipervigilantes, buscando cualquier señal que muestre que la enfermedad ha regresado y/o que hay mejoría. Es difícil para los padres dejar de pensar en ello.

 

Los padres viven un estrés prolongado: el recibir la noticia, los exámenes de diagnóstico, el comienzo del tratamiento, las cirugías, la evolución, los efectos secundarios del tratamiento , los problemas que se pueden presentar, más pruebas clínicas y exámenes de seguimiento, la recuperación, e incluso tristemente, a veces, la muerte. Esto sin contar con tener que lidiar con las obligaciones del día a día, el cuidado de los otros hijos, el trabajo, la pareja o el estrés económico que puede haber.

Algunos padres vienen a consulta meses después del diagnóstico porque afirman sentirse: “anestesiados”, “desconectados del mundo”, “tristes sin razón aparente”, “angustiados”, “irritables” o “afligidos’. También presentan miedo, insomnio, taquicardia. Tienen imágenes intrusivas de diferentes momentos: de cuando les dieron la noticia, el momento del accidente, verlo conectado a las máquinas, esperando que la cirugía terminara, o cuando le hacían la curas. Están hipervigilantes y sobreprotegiendo a su hijo, y no pueden dejar de hacerlo y buscan continuamente cualquier señal que muestre que la enfermedad ha vuelto.  No pueden dejar de pensar en ello. Y esto es NORMAL, no tiene nada que ver con su capacidad de resiliencia, tiene que ver con que vivieron una situación traumática. Extremadamente traumática. Y estos son síntomas de estrés postraumático.

Se recomienda que los padres busquen ayuda psicológica paralelamente o después que su hijo esté estable, para ayudarse a si mismos y no dejar de lado a sus otros hijos y la pareja. Ya que puede ser que, con el pasar de los días, de los meses, se presenten síntomas de estrés postraumático. El momento y la duración de estos síntomas dependen de la naturaleza y el curso de la enfermedad del niño, su edad, de la red de apoyo que se tenga, la experiencia con los médicos y enfermeras durante toda la enfermedad y de traumas pasados.

Si esta es tu situación y ya ha pasado más de un mes desde que este incidente sucedió, y tus síntomas “te están afectando en el día a día”, probablemente deberías recibir ayuda psicológica, pues has sufrido una experiencia traumática.

Cuando se ayuda a la familia a elaborar todo el estrés vivido, el niño se recupera mejor, pues los padres podrán estar presentes luego de la recuperación sin crearle estrés adicional al niño.

Espera el próximo blog ” Cómo cuidarme, mientras te cuido”.

Espero que lo que sea por lo que estás pasando se solucione de la mejor manera.

 

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© Imágenes gracias  https://repositorio.unican.es/xmlui/bitstream/handle/10902/6755/FernandezArizmendiZ.pdf;sequence=1 , http://www.cubadebate.cu/fotorreportajes/2014/06/19/quien-dice-que-ellos-no-lloran-padres-que-ven-por-primera-vez-a-sus-hijos/#.XJCLzdF7mgQ

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