«Aunque los seres humanos rara vez mueren a causa de un trauma, si no lo resolvemos, nuestras vidas pueden verse gravemente disminuidas por sus efectos. Peter Levine
En muchos lugares, tener un trastorno mental, haber sido víctima de un abuso sexual o “salir del closet” pueden ser circunstancias que provocan la expulsión inmediata de una comunidad. Esta expulsión no solo hace que la persona oculte una situación por vergüenza, sino que la familia y la sociedad quieran ocultarlo también.
Todos somos seres sociables. Para poder sobrevivir y asegurar nuestro bienestar psicológico y desarrollo emocional necesitamos sentir que pertenecemos, que somos aceptados y queridos por nuestra comunidad y/o familia. Por ello, cuando hay peligro de ser rechazado, torturado, asesinado, asediado, condenado, tachado de pecador, marginado, maldecido, por la única razón de “ser diferente”, es natural e inteligente desear protegerse y querer ocultarse para evitar sentir vergüenza, dolor o cualquier consecuencia derivada de esa exclusión.
Por ello quien está en ambiente homofóbico, vive en un estado constante de estrés e incertidumbre. Siente que no tiene control sobre la situaciones, se siente inseguro, no escuchado, no visto ni apoyado, no solo por su familia sino por el sistema, por la sociedad. Esto puede llevar a la persona a una depresión, a tener ansiedad, vergüenza y generar una respuesta traumática. Hay personas LGTB que, por falta de apoyo, se han suicidado.
Algunos de mis pacientes son padres, que ante el descubrimiento de tener un hijo que forma parte del colectivo LGTB, me preguntan qué pudieron haber hecho mal para ocasionar “este comportamiento” en su hijo(a) y manifiestan una vergüenza intrínseca de no poder controlar la situación o lo que sienten. Pero, como dice Bert Hellinger, “los homosexuales, los trans no lo son porque quieren, sino porque es su destino y tienen derecho a seguirlo como todos los demás. Ellos son miembros de la familia, y, como tales, deben ser reconocidos y valorados. De lo contrario, se hiere el amor”.
En mi consulta observo que cuando los padres, parejas, hermanos, hijos empiezan a salir del closet y comparten con otros el proceso de transición de género de la persona de su familia, si encuentran apoyo, empatía y aceptación, les es más fácil comenzar a normalizar, no solo sus emociones, sino la situación, y pueden así dar más apoyo a su familiar. Por el contrario, cuando ese apoyo no llega, la situación se vuelve más complicada, dando lugar a diferentes escenarios que pueden ir desde el abuso de drogas, la ruptura familiar, hasta el suicidio.
Trabajo con los familiares para ayudarles a entender y aceptar a su ser querido. También hago terapia a personas de la comunidad LGBT para apoyarlos en su proceso, entender sus miedos y conflictos y ayudarles a desarrollar recursos que les ayuden a vivir vidas auténticas. En este proceso van entendiendo que no hay nada moralmente equivocado o éticamente sospechoso en ellos o en su comportamiento.
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