Quizás una de las situaciones más angustiantes y dolorosas a las que unos padres se pueden enfrentar es la posible muerte de un hijo.
El ver a su pequeño hijo(a), en cuidados intensivos luchando por sobrevivir, sometiéndose a tratamientos dolorosos y sufriendo genera una angustia extrema que excede las barreras naturales de lo que se puede asimilar. Muchos padres pueden hacer frente a todas las etapas de la enfermedad para ayudar a su hijo. Pero aún, para los padres mas resilientes, esta situación puede ser demasiado estresante. E, incluso, después de que el hijo se vaya estabilizando y el peligro haya pasado, se pueden llegar a deprimir, tener ansiedad, irritabilidad, sentirse indefenso, etc
Por ello,  desde el momento en que son informados, y si es posible, es importante recurrir a toda la ayuda y apoyo que puedan tener. Recurrir a todas las personas que les puedan echar una mano.  De esta manera, la situación será un poco más llevadera a pesar de la circunstancia.  En el momento en que el hijo está entre la vida y la muerte, el autocuidado no se concibe, y es entendible. Pero si se crea una red de apoyo buena, esta nos permitirá ser más resilentes.

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