Vivimos en una sociedad en la que hay establecidas, y se dan por hecho, demasiadas cosas. Una de ellas puede ser: el amor hacia tus progenitores. Pero qué ocurre cuando la madre no esta en las buenas y la malas.

Hay un TERROR ENORME a decirlo en voz alta por toda la carga que ello supone NO SOLO EN LOS HIJOS QUE NO QUIEREN A SUS PADRES, SINO TAMBIÉN EN LOS PADRES QUE NO SIENTEN NADA POR SUS HIJOS.

Juzgamos a la ligera este tipo de situaciones, sin pensar que detrás de una afirmación semejante puede haber, y casi siempre hay, situaciones de abuso o negligencia. O que, simplemente, no se estaba preparada/o para todo lo que supone ser madre/padre. No hay una formula mágica, no hay un libro de instrucciones para que nos guie en el duro trabajo de ser padres.

Pero, en esta ocasión, quiero centrarme en el mundo de las madres y la relación con sus hijos. Se espera que las mujeres crezcan, se casen, tengan hijos a quienes deberán amar incondicionalmente. Pero hay que tener claro que: no todas las mujeres PUEDEN ser madres, no todas QUIEREN ser madres y no todas están PREPARADAS para desempeñar ese rol y llevar a cabo todo lo que supone ser madre.

Este tipo de expectativas hacen daño a las madres y a sus hijos. A las madres, porque, A PESAR DE SU BUENA INTENCIÓN y asegurar que quieren a sus hijos, no tienen la capacidad de SOSTENER EMOCIONALMENTE a su pequeños(as) y no son empáticas con las necesidades de sus hijos. Algunas sienten culpa por ello, pero no saben como cambiarlo. Los hijos llevan en silencio la culpa por la ausencia de amor hacia la madre o han aprendido la sumisión, es decir, ocultar lo que sienten para evitar problemas con la madre.

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